domingo, 2 de diciembre de 2012

¿Puede mi autoestima condicionar la toma de decisiones?



Son diversas personas, las que apuestan que el desequilibrio del ser humano occidental está  plasmado en el desequilibrio emocional, y este ha sido sólo un apéndice del ritmo actual, esclarecido y ejemplificado por ellos en que en el momento de elegir entre A y B,  y que, al momento de optar por una de las dos, esta muchas veces no responde de una manera íntegra al contexto que se vive, sea, por ejemplo, en un examen, a qué hora es atingente dormir o aún más sencillo, qué ropa ponerme acorde a la situación del día, son todas estas muchas veces las que no sacian el contexto, en que pareciese tomar más significado a cosas banales para resolver el contexto que el del lo que realmente necesito, que a mi gusto, debe conjugado.
Es el último periodo, donde me nace la inquietud del qué me ocurre al tomar las decisiones, y creo que esto ocurre entre los pares adolecentes con frecuencia y no se dan cuenta que es una situación similar y transversal. Son múltiples los factores, pero el resultado es el mismo, centrado en dónde vamos a apuntar esta toma de decisiones, apuntando en qué es lo más correcto hacer para el contexto. A mi parecer, el equilibrio es lo fundamental, para tener claridad del cómo actuar en momentos oportunos, esto basado en el autoestima, que es fundamental para este tema, producto que es el afecto y aprecio que me tengo a mi mismo, en simples palabras, si yo no me quiero no podré querer a los demás, y por ende, no sabré como relacionarme con el resto, todo esto, basado en lo que está inculcada nuestra sociedad, en los planteamientos de la biblia y la Iglesia Católica, que norman muchas asuntos valóricas del mundo actual.
La identidad se forja en la relación con el otro, que, como explica Erikson “La formación de la identidad emplea un proceso de reflexión y observación simultáneas ``(Erikson 1968). La identidad tiene que ver con lo que soy, del cómo yo me respeto, me conozco, soy consciente de mí y soy responsable de mi mismo. Esta autoestima se condiciona a cómo yo entiendo, de acuerdo a mi experiencia, la realidad y esta me afectará. Por ende, va relacionado con la identidad, mi identidad personal va hacer fiel reflejo de mi autoestima. Definamos estos conceptos: autoimagen es el conjunto de percepciones referida a mí mismo;  el autoestima como el afecto a nuestra persona. Estas 2 crean factores tantos cognitivos y afectivos, al creer como soy y forjar como yo me aprecio, esto se refleja en mi identidad, en cuanto a mis actos.
La condición de pertenecer a grupos humanos con características similares, es fruto de la identidad personal, y esta de la autoimagen y la autoestima, pero aún no llegamos al meollo de lo planteado. Una de las características de la baja autoestima, es el no sentir control en la vida y emociones, el creer que todo lo que realizan está mal y el aislamiento total. En el momento de las tomas de decisiones, es él el que se vuelve indeciso  al momento de elegir, primeramente, por no sentir control basado en la seguridad de él, y segundo-que va entrelazado con el primero-,el que no deja sentir control. Todo sería distinto si tuviéramos seguridad, ese poder sobre nosotros mismo, el que nos ayudará a tener éxito.
Hemos dicho, que la identidad está forjada por dos elementos principales, la autoimagen y la autoestima, y que además debemos agregar, que es el poder de la seguridad la que me podrá llevar al éxito, pero ¿cómo el adolecente-que es la etapa que estamos estudiando-, puede llegar a este estado? El adolecente, según Erikson, puede tener Identidad o Confusión. Todo parte primero de la base familiar y del cómo se forjó mi identidad hasta esta etapa. El niño se va absorber todo del medio donde él sea considerado, desde allí va a nacer su autoestima, y como va hacer considerado en ese grupo, su autoimagen se va a conformar a lo que nos diga ese grupo humano, y por ende, su identidad va hacer enlazada a ese grupo. Si a ese individuo, en el periodo de la adolescencia, lo condicionamos a un contexto diferente, y no es capaz de adaptarse, el adolecente va haber reflejado su frustración, pero para superarlo, depende de dos grandes factores, el colchón que posea de su base creada en la niñez, y de la ayuda que logre y quiera aceptar, para poder superar. Y es el primer punto que posee la complejidad de entender desde dónde obtuve yo como individuo ese buen colchón, y segundo, que alguien pueda ayudarme, pero lo más relevante de esto, es la disposición que tenga con quién me ayude. Es aquí lo más relevante de todo, el primer modo, la estrategia positivista para enfrentar el melodrama, aceptando realidad y enfrentándola. Esto sumado con el colchón que debe haber sido forjado de manera positiva en la infancia-y más aún cuando son las figuras maternas y paternas quienes las proporcionan de manera más fuerte-, es lo fundamental, los cuales forjan un estado de resiliencia, que se funda en la constitución de figura a seguir por sobre el contexto viviente.
Mi autoestima y autoimagen condicionan mi actuar diario, y al tener un bajo autoestima, y por ende muchas veces una autoimagen dañada o negativa, condiciona mi método de actuar en el contexto en el que estoy sumergido. Sin la autoestima positiva, no podré sobrepasar los problemas, por ende, no podré forjar una autoimagen positiva y mi identidad se verá afectada en el retraimiento, atenuado en el no poder soportar ni enfrentar los problemas, y a la larga, incluso, no poder cerrar ciclos por miedo a perder algo significativo al no aceptar la realidad ni buscar estrategias para poder llevar a cabo una identidad positivista. Todo esto se manifiesta en una frase cotidiana y sencilla, del quiero pero no puedo o quiero pero no creo que pueda. Y el individuo es el único que puede superarse, incluso cuando la resiliencia está tenue por sobre otro factores de autoestima.
Entonces, podemos concluir y reafirmar que realmente es la autoestima quien puede condicionar la toma de decisiones, puesto que es la base de cualquier estado anímico, la cual va de la mano con la autoimagen y la Identidad Personal. Todo esto hay que entenderlo según el contexto de vida en el cual se haya forjado la persona, respondiendo a la noción de singularidad, pero que al existir un buen colchón en la autoestima forjado en el periodo de formación, es decir, cuando pequeños, podemos mantener un estado de resiliencia. Es por esto, que cómo yo me desenvuelva en el contexto, repercute en mi autoestima, que es fiel reflejo de mi identidad, al querer hacer aceptado, y más aún, la esponja absorbe más cuando se está en la adolescencia, puesto que es la etapa donde el individuo tiene como condicionante, el ser aceptado por los demás.
¿El resto toma un factor importante también? Claro, y es más que elocuente, y es que lo que yo reflejo en los demás es fiel reflejo de lo que soy y quiero reflejar. La poca claridad que genera una auto-referencia negativa, conlleva a seres poco claros en sus actuares, y aquello sumado con el ritmo frenético del mundo actual, donde los padres, quienes forjan qué ser criar, delegan esta tarea, y muchas veces desconocen como poder ayudar a sus hijos, puesto que en su etapa de formación de auto-referencia quedaron presentes pasivamente, sólo para poder sacar a su hijo de manera económica. Somos capaces de ir contra la gradiente, siempre y cuando enfrentemos nuestro problemas, de otra manera, seguiremos siendo seres condicionados más a sobrevivir que forjar equilibrios, para poder tener claridad hacia donde apuntar el objetivo. No se trata del egocentrismo, el cual lleva a la altanería en la identidad, si no, encontrar un equilibrio para poder superar los obstáculos. El tener el camino claro del cuál de todos los caminos tomar, será fundamental para mi toma de decisión en mi vida, y el camino será la claridad de mi identidad-forjada en lo ya explicado-, pero si mi identidad es tenue, el camino que voy a tomar estará cortado, pero el retorno depende de mí.

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