Son diversas personas,
las que apuestan que el desequilibrio del ser humano occidental está plasmado en el desequilibrio emocional, y este
ha sido sólo un apéndice del ritmo actual, esclarecido y ejemplificado por
ellos en que en el momento de elegir entre A y B, y que, al momento de optar por una de las dos,
esta muchas veces no responde de una manera íntegra al contexto que se vive,
sea, por ejemplo, en un examen, a qué hora es atingente dormir o aún más
sencillo, qué ropa ponerme acorde a la situación del día, son todas estas
muchas veces las que no sacian el contexto, en que pareciese tomar más
significado a cosas banales para resolver el contexto que el del lo que realmente
necesito, que a mi gusto, debe conjugado.
Es el último periodo,
donde me nace la inquietud del qué me ocurre al tomar las decisiones, y creo
que esto ocurre entre los pares adolecentes con frecuencia y no se dan cuenta
que es una situación similar y transversal. Son múltiples los factores, pero el
resultado es el mismo, centrado en dónde vamos a apuntar esta toma de
decisiones, apuntando en qué es lo más correcto hacer para el contexto. A mi
parecer, el equilibrio es lo fundamental, para tener claridad del cómo actuar
en momentos oportunos, esto basado en el autoestima, que es fundamental para
este tema, producto que es el afecto y aprecio que me tengo a mi mismo, en
simples palabras, si yo no me quiero no podré querer a los demás, y por ende,
no sabré como relacionarme con el resto, todo esto, basado en lo que está
inculcada nuestra sociedad, en los planteamientos de la biblia y la Iglesia
Católica, que norman muchas asuntos valóricas del mundo actual.
La
identidad se forja en la relación con el otro, que, como explica Erikson “La formación de
la identidad emplea un proceso de reflexión y observación simultáneas ``(Erikson 1968). La identidad tiene que ver con lo que soy, del cómo yo me
respeto, me conozco, soy consciente de mí y soy responsable de mi mismo. Esta
autoestima se condiciona a cómo yo entiendo, de acuerdo a mi experiencia, la
realidad y esta me afectará. Por ende, va relacionado con la identidad, mi
identidad personal va hacer fiel reflejo de mi autoestima. Definamos estos
conceptos: autoimagen es el conjunto de
percepciones referida a mí mismo; el
autoestima como el afecto a nuestra
persona. Estas 2 crean factores tantos cognitivos y afectivos, al creer
como soy y forjar como yo me aprecio, esto se refleja en mi identidad, en
cuanto a mis actos.
La condición de pertenecer a grupos humanos con características
similares, es fruto de la identidad personal, y esta de la autoimagen y la
autoestima, pero aún no llegamos al meollo de lo planteado. Una de las
características de la baja autoestima, es el no sentir control en la vida y
emociones, el creer que todo lo que realizan está mal y el aislamiento total.
En el momento de las tomas de decisiones, es él el que se vuelve indeciso al momento de elegir, primeramente, por no
sentir control basado en la seguridad de él, y segundo-que va entrelazado con
el primero-,el que no deja sentir control. Todo sería distinto si tuviéramos
seguridad, ese poder sobre nosotros mismo, el que nos ayudará a tener éxito.
Hemos dicho, que la identidad está forjada por dos elementos
principales, la autoimagen y la autoestima, y que además debemos agregar, que es
el poder de la seguridad la que me podrá llevar al éxito, pero ¿cómo el
adolecente-que es la etapa que estamos estudiando-, puede llegar a este estado?
El adolecente, según Erikson, puede tener Identidad o Confusión. Todo parte primero
de la base familiar y del cómo se forjó mi identidad hasta esta etapa. El niño
se va absorber todo del medio donde él sea considerado, desde allí va a nacer
su autoestima, y como va hacer considerado en ese grupo, su autoimagen se va a
conformar a lo que nos diga ese grupo humano, y por ende, su identidad va hacer
enlazada a ese grupo. Si a ese individuo, en el periodo de la adolescencia, lo
condicionamos a un contexto diferente, y no es capaz de adaptarse, el
adolecente va haber reflejado su frustración, pero para superarlo, depende de
dos grandes factores, el colchón
que posea de su base creada en la niñez, y de la ayuda que logre y quiera
aceptar, para poder superar. Y es el primer punto que posee la complejidad de
entender desde dónde obtuve yo como individuo ese buen colchón, y segundo, que alguien pueda ayudarme, pero lo más
relevante de esto, es la disposición que tenga con quién me ayude. Es aquí lo
más relevante de todo, el primer modo, la estrategia positivista para enfrentar
el melodrama, aceptando realidad y enfrentándola. Esto sumado con el colchón que debe haber sido forjado de
manera positiva en la infancia-y más aún cuando son las figuras maternas y
paternas quienes las proporcionan de manera más fuerte-, es lo fundamental, los
cuales forjan un estado de resiliencia, que se funda en la constitución de figura
a seguir por sobre el contexto viviente.
Mi
autoestima y autoimagen condicionan mi actuar diario, y al tener un bajo
autoestima, y por ende muchas veces una autoimagen dañada o negativa,
condiciona mi método de actuar en el contexto en el que estoy sumergido. Sin la
autoestima positiva, no podré sobrepasar los problemas, por ende, no podré
forjar una autoimagen positiva y mi identidad se verá afectada en el
retraimiento, atenuado en el no poder soportar ni enfrentar los problemas, y a
la larga, incluso, no poder cerrar ciclos por miedo a perder algo significativo
al no aceptar la realidad ni buscar estrategias para poder llevar a cabo una
identidad positivista. Todo esto se manifiesta en una frase cotidiana y
sencilla, del quiero pero no puedo o quiero pero no creo que pueda. Y el
individuo es el único que puede superarse, incluso cuando la resiliencia está tenue por sobre otro factores de autoestima.
Entonces, podemos concluir y reafirmar que realmente es la
autoestima quien puede condicionar la toma de decisiones, puesto que es la base
de cualquier estado anímico, la cual va de la mano con la autoimagen y la
Identidad Personal. Todo esto hay que entenderlo según el contexto de vida en
el cual se haya forjado la persona, respondiendo a la noción de singularidad,
pero que al existir un buen colchón
en la autoestima forjado en el periodo de formación, es decir, cuando pequeños,
podemos mantener un estado de resiliencia. Es por esto, que cómo yo me
desenvuelva en el contexto, repercute en mi autoestima, que es fiel reflejo de
mi identidad, al querer hacer aceptado, y más aún, la esponja absorbe más cuando se está en la adolescencia, puesto que
es la etapa donde el individuo tiene como condicionante, el ser aceptado por
los demás.
¿El resto toma un factor importante también? Claro, y es más que
elocuente, y es que lo que yo reflejo en los demás es fiel reflejo de lo que
soy y quiero reflejar. La poca claridad que genera una auto-referencia
negativa, conlleva a seres poco claros en sus actuares, y aquello sumado con el
ritmo frenético del mundo actual, donde los padres, quienes forjan qué ser
criar, delegan esta tarea, y muchas veces desconocen como poder ayudar a sus
hijos, puesto que en su etapa de formación de auto-referencia quedaron
presentes pasivamente, sólo para poder sacar a su hijo de manera económica.
Somos capaces de ir contra la gradiente, siempre y cuando enfrentemos nuestro
problemas, de otra manera, seguiremos siendo seres condicionados más a sobrevivir
que forjar equilibrios, para poder tener claridad hacia donde apuntar el
objetivo. No se trata del egocentrismo, el cual lleva a la altanería en la
identidad, si no, encontrar un equilibrio para poder superar los obstáculos. El
tener el camino claro del cuál de todos los caminos tomar, será fundamental
para mi toma de decisión en mi vida, y el camino será la claridad de mi
identidad-forjada en lo ya explicado-, pero si mi identidad es tenue, el camino
que voy a tomar estará cortado, pero el retorno depende de mí.
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